Reducción del gasto público

Una enfermedad ideológica, una ideología asesina

Hay enfermedades que producen millones de muertos al año en el mundo. Y existe una ideología social y económica que arruina a millones de familias, les veta el paso a una mejor calidad de vida y acaba produciendo millones de muertos. ¡Y cómo, a base de propaganda, esa ideología ha contaminado incluso a los que se autotitulan socialistas! Este curioso fenómeno lo vemos en España, donde destacados políticos socialistas, como Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Pedro Solbes, Joaquín Almunia, Jordi Sevilla, Miguel Sebastián, etc., han adoptado tantas ideas neoliberales que ya les queda poco de socialistas.

Los sabihondos neoliberales insisten en reducir el gasto público. Los medios de información y persuasión neoliberales nos incitan a apretarnos el cinturón para salir de la crisis, y presionan al Estado para que sea el primero en dar ejemplo. Hay que respetar el Pacto de Estabilidad – dicen – que obliga a que los países de la Unión Europea no alcancen déficits por encima del 3% del PIB ni una deuda por encima del 60%.

Definición habitual (neoliberal) de déficit

“El déficit del Estado ocurre cuando éste gasta más de lo que ingresa en aportaciones tributarias”. Esta definición habitual y neoliberal está muy mal, porque considera igual todo gasto público, tanto el gasto superfluo como el necesario, tanto los sueldos astronómicos de alcaldes y concejales como los gastos en hospitales, escuelas, guarderías y otras infraestructuras sociales.

Aplicando esta nefasta teoría durante el periodo de construcción de la UE, el gasto público por habitante ha ido disminuyendo, lo cual es una maravilla para los neoliberales, pues consideran  que a menos gasto público habrá más fondos para el sector privado, ya que el sector público y el privado compiten por un número limitado de recursos.

Buen disparate neoliberal

Entérense bien de este disparate neoliberal: “El sector público y el privado compiten por un número limitado de recursos”. Refutación, hecha por un niño de 12 años: El gasto público debe ser complementario del privado en el objetivo común de aumentar la eficiencia económica. El sector privado necesita grandes inversiones públicas que mejoren la eficiencia económica del país.

Ahora las fábricas están infrautilizadas porque no hay suficiente demanda de sus productos. De ahí que sea muy importante y urgente que el gasto público aumente para que se corrija el enorme problema de la insuficiente demanda. Tal gasto público, al crear empleo provee salarios y mejora la reducida capacidad adquisitiva de los trabajadores y de sus familias.

Este gasto público es también necesario para que la productividad del sector privado aumente. Todos los servicios públicos del estado del bienestar son inversiones de futuro para el país, pues permiten aumentar el número de trabajadores que crean riqueza, pagan impuestos y cotizan a la seguridad social.

El gasto público, en contra de lo que asume la “sabiduría” neoliberal, no resta, sino suma recursos, permitiendo un mayor desarrollo de la productividad y actividad en la sociedad. El retraso económico de España se debe precisamente al escaso desarrollo del sector público en todo tipo de infraestructuras (industriales, de transporte y comunicaciones, sanitarias, educativas, etc.)

Los neoliberales se contradicen a sí mismos

Incluso Davos, el Vaticano del pensamiento neoliberal, coloca a los países escandinavos, que tienen los estados del bienestar más desarrollados (con los sectores públicos más amplios del mundo) entre los países que tienen las economías más eficientes y competitivas. ¿Qué desean los neoliberales? ¿Desean que esos países bajen impuestos, contraigan el gasto público, privaticen las empresas estatales y establezcan el despido libre y gratuito?

Un símil desacertado de Rajoy

“El Estado tiene que comportarse como las familias. No debe gastarse más de lo que ingresa”. Rajoy ha utilizado este símil muchas veces este año. Este argumento es también profundamente erróneo.

En primer lugar, la gran mayoría de familias gastan más de lo que ingresan, endeudándose. La gran mayoría de las familias se endeudan y este endeudamiento es necesario para hacer inversiones para el presente y para el futuro (por ejemplo, educación para los niños). El endeudamiento es pues una inversión que permite a las familias progresar y mejorar su nivel de vida. Ahora bien, si la familia se endeuda para comprarse coches y yates de lujo, eso sí es reprobable.

Pues, lo mismo ocurre con el Estado, que no debe endeudarse para pagar grandes sueldos a ministros, ex-ministros, alcaldes y concejales. El Estado necesita endeudarse para poder invertir en transportes, comunicaciones, educación, sanidad, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, y un largo etcétera, inversiones que son necesarias para mejorar la calidad de vida. Estos gastos son inversiones que permiten el desarrollo del país. La deuda pública en España se ha mantenido en términos muy moderados (incluso menos del 60% que permite el Pacto de Estabilidad). Puede aumentarse más sin que ello implique una carga inasumible. De ahí, la necesidad de no aplicar el criterio arbitrario del Pacto de Estabilidad y permitir un déficit del Estado que conlleve una expansión considerable del gasto público.

(Para información más detallada, con datos estadísticos de estudios rigurosos, consultar al maestro Vicenç Navarro).

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