Braulio

braulio

El 7 de junio de 2009 nos trajo una novedad mala y otra buena. La mala fue que la derecha europea avanzó en su dominio neoliberal de la situación, y la buena que el diario Canarias7 distribuyó un CD con un concierto de Braulio en el Auditorio Alfredo Kraus. La entrevista de Mapi del Rosario a Braulio en el magazín del diario, así como la página web a la que se hace referencia,

http://www.braulio.com/

no dicen nada de esa “manchita” que honra a tan apreciado artista: “Si a usted no le gusta la forma pausada que tengo de hablarle, si juzga incorrecta mi pronunciación y hasta mi sintaxis… Mándese a mudar, agarre usted el ferry, meta en él sus trastos y no vuelva más”. Esta famosa canción, “Mándese a mudar”, es una forma elegante de protestar, sin rencor y sin venganza; la situación, contraria a la convivencia, no la hemos creado nosotros los canarios, sino los foráneos que son pedantes y despectivos. Además, Braulio puntualiza que él no los envía fuera, sino que son ellos los que deben razonar y dejar de despreciar o mandarse a sí mismos a mudar. Faltó decir que los canarios, y muchos latinoamericanos que traté en Cuba y en Colombia, usamos mejor sintaxis que los peninsulares. Por ejemplo, no incurrimos en esas barbaridades  de confundir el complemento indirecto con el directo: “Yo la pregunté, yo la dije, su padre la dio un cachete…” Y en cuanto a nuestra fonética, don José María Pemán, presidente de la Real Academia Española de la Lengua, hablaba gaditano cerrado y nadie se inmutaba. ¿Por qué va a ser más respetable la fonética gaditana que la canaria?

A propósito de letras: Braulio es un gran letrista. Una preceptiva literaria anquilosada proclamó durante muchos años que los temas dramáticos son más poetizables que los cómicos, y los sentimientos sublimes más que las circunstancias triviales. Braulio rompió ese esquema. Sabe convertir en materia artística de calidad las circunstancias vulgares del chulo playero y las chonis, “der nota” y su cambalacheo,  en simbiosis con una música perfectamente ajustada al peculiar humor canario, una socarronería que no trata de degradar a nadie.  También sabe rendir tributo a personajes que no destacaron por grandes cualidades ni hechos, sino por su densa humanidad.

Braulio nos invita a que contactemos con él. Ahorita mismo, cuando acabe de redactar esta nota, voy a escribirle y decirle que tengo dos composiciones mías para él. Espero que le gusten;  y si no, pues lo admitiré y aquí no ha pasado nada. Se trata de dos poemas de Tomás Morales, recortados, claro, pues no es usual hacer canciones con poemas muy largos. Un poema está dedicado a su mujer, Leonor Ramos, y el otro al segundo mejor novelista del mundo, Benito Pérez Galdós. No resisto la tentación de copiar aquí ambos poemas:

Leonor Ramos

A Leonor

Para ti, compañera sonriente, que hiciste de la vida una ilusión, y al amor te entregaste, consecuente; toda recogimiento y emoción… Para ti es este libro, en que he vaciado mi sensibilidad y mi destreza; y va como un garzón enamorado a arrodillarse ante tu gentileza… Y a darte gracias y a pedirte gracia, y a ponerse al amparo de tu egida: sabe tu protección y tu eficacia, y que a tu voluntad debe la vida… Y al darle mi artificio y tu talante, transparentaba, sin pensar, tu huella: la ordenación de tu sonrisa amante se abrió en mi corazón como una estrella… Y el verso mío, de vileza ajeno, abra todas sus galas en tu honor; y que perdure, clásico y sereno, como tu nombre y tu virtud, Leonor…

Benito Pérez Galdós

La ofrenda emocionada

¡Oh, Don Benito! Si el alma fuera lo bastante pura para asumir el reposo de vuestra inmensa figura, yo os la entregaría porque os contara al oído las maravillas del mundo que ya esos ojos no ven. Ella os pintara la vida como una flor sin mancilla, os dijera que del odio ya se extinguió la semilla, que al fin la Verdad Eterna ha puesto en fuga al dolor; y mi acento fuera, entonces, impetuoso y exaltado, porque llegar no pudiera, hasta el oído afinado de qué manera los hombres van imponiendo el Amor.

¡Oh, don Benito! Abuelo glorioso y santo, definidor de energía; tan claro y tan melodioso que erais como el propio día y hoy vais con la sombra a cuestas como una pesada cruz. ¡Dadme, cieguito bueno,dadme las manos piadosas y ascienda mi alma a la eterna revelación de las cosas por la rampa iluminada de vuestros ojos sin luz!

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