Libros de propaganda cultural

Hace poco, en la Biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la estantería de pasillo que oferta libros en préstamo, encontré uno escrito por catedráticos de Harvard sobre las principales obras de la literatura universal.  Por supuesto que los autores más citados eran los del mundo angloamericano y luego unos cuantos de Francia, Alemania, Italia, Rusia… y unos poquitos no occidentales. Ya el índice revelaba que se confundía literatura con poderío político y económico. No estaba representado ningún idioma de países hispánicos (catalán, gallego, euskera, nahuátl, quiché, quechua, aimara, guaraní, mapuche). El único el mayoritario, el castellano, que tenía tan sólo tres representantes:

1. El “Quijote”, de Cervantes, del cual los “catedráticos” de Harvard decían bastantes tonterías insignes: Que había que saltarse las poesías previas, porque Cervantes era un mal poeta. Yo, por el contrario, creo que esas poesías tienen mucha gracia, e introducen al espíritu de fina ironía de la obra, y en cuanto a que Cervantes fuera mal poeta, no siguió ese derrotero y no brilló en él como otros astros, pero de ahí a decir que era mal poeta va un trecho largo y malintecionado. También nos recomendaban u ordenaban estos “catedráticos” que nos saltáramos las novelas y relatos insertos en el Quijote. Si nos los saltamos no captaremos el ambiente y las modas y las costumbres de la época. ¿Pero por qué tienen tanto interés estos “catedráticoss” en hacer una lectura rápida del Quijote? ¿Será porque tienen prisa por irse a leer las historietas de Supermán y del pato Donald? Por otra parte estos “catedráticos” no tienen ni idea de la importancia de las innovaciones de Cervantes en el arte de narrar, ni tampoco de los motivos intelectuales, emotivos y humanos por los cuales don Quijote se ha convertido en uno de los primeros mitos de la literatura universal.

2. “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez. Los “catedráticos”   entendieron muy poco de este libro.  Como destacada aportación a la crítica literaria escribieron que Gabo, en su forma de describir actos y situaciones exagerados recuerda a Rabelais. A estudiantes de bachilerato en España les he oído decir cosas de más enjundia.

3. Un libro de Jorge Luis Borges. El comentario sobre este tercer representante ni siquiera lo leí. Ya me enfadé bastante leyendo los dos anteriores, y los enfados son malos para la salud.

Miguel de CervantesMiguel de Cervantes Saavedra

Se necesita tener la cara muy dura para no incluir en un libro de estos  a don Benito Pérez Galdós, el segundo mejor novelista, no ya de España, sino del mundo entero. Tolstoi tiene en su haber buenas novelas, pero pocas. Dostoievski lo mismo.  Se le tiene por un eminete psicólogo, pero no lo es tanto. Cierto es que describe con detalle personajes y situaciones, para que el lector se forme una opinión propia. Pero el Raskolnikov de “Crimen y castigo” no da la impresión de ser un personaje real, sino un vehículo del autor para expresar sus ideas sobre un tema candente en su época: La duda sobre el recurso a la violencia para redimir a los más aflijidos. En cambio Galdós tiene una galería inmensa de personajes reales de lo más variado. No le supera Dickens, cuya variedad de perfiles psicológicos es más limitada, pese a que los “catedráticos” de Harvard le dieron gran importancia, reseñando una veintena de sus libros.

GaldósBenito Pérez Galdós

También se necesita tener la cara muy dura, ¡oh, señores “catedráticos” de Harvard!, para no incluir en su libro algunas novelas de Pío Baroja. Ernest Hemingway, del que ustedes reseñan varias novelas, dijo que Pío Baroja era su maestro, y, en efecto, como novelista, Pío Baroja es muy superior a Hemingway. Éste escribió unas pocas novelas buenas. Después se dedicó a vivir la vida y no se esmeró en su arte. Pío Baroja también era muy irregular, le gustaba saltar de un tema a otro, no tenía paciencia para el análisis psicológico detallado, como hacía Galdós. Aún así, Baroja escribió bastantes más novelas buenas que Hemingway.

Pío BarojaPío Baroja y Nessi, maestro de

Ernest Hemingway, y mejor

novelista que su discípulo.

Aquí lo que está ocurriendo, por un lado, es que los angloamericanos hacen propaganda de lo suyo, para ganar dinero. Y los españoles tienen síndrome de Estocolmo: Se creen todas las barbaridades y desprecios que les dicen sobre la cultura hispánica. Si España no quiere liberarse de estas cadenas, invito a los países de América Latina a que lo hagan. Que exalten a sus grandes escritores y artistas, que les hagan propaganda por el ancho mundo. Aumentarán su autoestima, se sentirán más felices, ingresarán más dinero (vía editoriales, películas, premios, exposiciones y ventas de cuadros, etc.)

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