Chaplin Aznar y Cantinflas Felipe

Hace unos años en Madrid asistí a una conferencia sobre temas políticos y sociales que daba un ilustre escritor en una institución académica. Al terminar el acto nos quedamos charlando varios grupos de personas. Yo me referí a Aznar como “Chaplin Aznar” sin malicia ninguna, porque encontraba que ambos tenían cierta similitud en el bigote, y sobre todo se asemejaban a veces cuando sonreían con cierta timidez. Pero a una chica que estaba presente en mi grupo no le gustó la comparación y se refirió a “Cantinflas Felipe”. Le pregunté que por qué decía eso, y me contestó en tono de venganza:

– ¡Oh! Tú hablas de Chaplin Aznar  y yo de Cantinflas Felipe.

chaplin

aznar

Ella creía que yo me iba a enfadar, pero no había por qué. Al contrario, le dije que me parecía muy bien su comparación. Felipe recurrió al lenguaje de  Cantinflas cuando llegó al poder y quiso desdecirse de todo lo que había hablado en contra de la OTAN:

– ¡Ay, mis babys! ¡No me sean changos! Porque verdaderamente, claro está, por regla general… Pero, es lo que yo digo… El hombre propone y luego se expone. España no puede proponer nada en el concierto de las naciones poderosas, que es un concierto desconcertante… Porque ¡ah, no! Ustedes no pueden ser macarrónicos, como los italianinis, que dicen: “Llueve. ¡Puerco gobierno!” ¡Ah, no! Mi Gobierno tiene menos poder del que ustedes se creen. No puede solucionar todos los problemas de un jalón. Tiene que ir poco a poco, como en las telenovelas, dando un paso palante, dos pasos patrás, achantándose cuando sea necesario, inclinando la cerviz, luego levantándola cuando llegue la ocasión y el tiempo lo permita. Es que estamos sometidos a unas leyes de las conveniencias internacionales que no dependen de nosotros. Es como la ley de la gravedad, que nadie puede eludir, y el caso es grave, y en consecuencia no queda más remedio que entrar en la OTAN.  Háganme el favor, no se me achicopalen y confíen en este su seguro servidor, que les va a traer muchas cosas buenas, aunque no todas las que él quisiera.

Cantinflas

felipe-gonzalez-25-anos-despues

A aquella joven, que tenía un agradable aspecto de buena persona, no le gustó mi interpretación de Cantinflas Felipe, y me espetó en tono despectivo que yo era un payaso. Le di las gracias por este elogio, ya que payaso es la profesión más noble que existe. Para refrendar mi agradecimiento quise atraerla hacia mí y darle un beso. Pero ella se me zafó con un gesto de desagrado. En tono de súplica le dije, sin segundas intenciones:

– ¡Ay, chiquita! ¡No te me revires como una panchona!

– ¡No me llames chiquita! – exclamó rabisquienta.

– ¡Ay, perdona! Es un apelativo cariñoso – le aclaré – Cantinflas se lo puede aplicar a una fémina que mida dos metros de estatura.

Mi argumento no pareció convencerla. Dio media vuelta y optó por la difuminación fulminante. Pensé que no volvería a ver a aquella muchacha de aspecto agradable y de genio vivo. Me equivoqué. Años después comencé a verla con frecuencia. Tengo el gusto de presentársela a ustedes:

SORAYA

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