Corrupciones legalizadas

La reciente carta de Octavio Quintero me ha hecho recordar un capítulo de mi libro “La infancia en Cuba y en Colombia”, publicado en 2003. Aquí transcribo completo dicho capítulo:

Cuando se habla de cuestiones morales se emplea la metáfora de la corrupción. Hay una salud de la conciencia análoga a la salud corporal. Tanto en lo físico como en lo moral existen sanidad, enfermedad, muerte y corrupción. En la corrupción moral hay que distinguir entre corrupción ilegal y corrupción legal.

En el concepto de corrupción ilegal incluimos todos los actos que son lesivos para la sociedad, están considerados como faltas o delitos o crímenes, y son ilegales. En el concepto de corrupción legal incluimos todos los actos que son lesivos para la sociedad, como los robos, y sin embargo están legalizados. En Colombia la corrupción legal, o legalizada, es cien veces más grave que la corrupción ilegal. Dirán que exagero. Pues pido perdón. Vamos a dejarlo entonces en noventa y nueve veces más grave.

En Colombia se ejecutan a diario muchos actos de corrupción legalizada, y hay personas que no se dan cuenta de ello. No tienen conciencia de toda la malicia de dichos actos, (o la tienen pero no pueden rebelarse).

¿Cómo es esto posible? Pues por el postulado fundamental de la relatividad, propuesto por Albert Einstein en 1905, y que podemos expresar así: “Es físicamente imposible detectar el movimiento uniforme de un sistema de referencia mediante observaciones realizadas totalmente dentro del sistema”. Si vamos en un avión, para medir su velocidad necesitamos un tubo Venturi, que es un aparato que interacciona con un agente externo: el aire. Dentro del avión, sin ninguna referencia con el exterior, es imposible medir la velocidad.

De forma análoga muchos colombianos, por muy inteligentes que sean, no pueden calibrar la malicia de leyes cuya aplicación están sufriendo, porque carecen de la necesaria referencia con el exterior, que es el conocimiento detallado de las leyes en países más avanzados.

Vamos a poner un ejemplo de corrupción legalizada: las tasas de interés de los créditos bancarios, para preguntarnos cómo no se rebela todo el pueblo en masa contra una usura que es más bien una depredación. Tomemos los datos de propaganda bancaria que me envía un amigo desde Bogotá, y hagamos un pequeño estudio para créditos al consumo de un millón de pesos, a pagar con intereses en tres años (36 meses) :

El máximo de interés permitido por la Superintendencia Bancaria es del 31,46 por ciento, y hay bancos que lo aplican. Un crédito de un millón de pesos a ese interés, a pagar en tres años, obliga a una cuota mensual de 43.255 pesos. Multipliquemos esta cantidad por 36 meses y veremos que por el capital de un millón el deudor ha tenido que pagar un total de intereses que asciende a 557.180 pesos.

Vamos a otro banco menos exigente, el BBVA Ganadero. (BBVA significa Bilbao, Vizcaya y Argentaria). Leo que la cuota mensual de este banco es de 41.500 pesos. Hago mi cálculo y veo que corresponde a un interés del 28,253 por ciento, y un pago total de intereses de 494.000 pesos.

Tengo ante mí un documento interesante: un recibo del BBVA a un cliente en Canarias. Es una cuota mensual de un crédito de millón y medio de pesetas al 10,75 por ciento, a pagar en cinco años. Si fuera de un millón de pesetas en tres años, que es la referencia comparativa que estamos usando, la cuota mensual  sería de 32.620 pesetas, y un pago total de intereses de 174.320 pesetas.

Comparen estas cifras del BBVA para ambos países. Por un crédito de un millón en moneda nacional, en Colombia hay que pagar 494.000 de intereses, y en España  174.320.

El BBVA Ganadero tiene la desfachatez de aprovecharse de un mercado como el colombiano, donde la gente es menos reivindicativa porque está amedrentada. El BBVA Ganadero alegará en su defensa que hay diferencia de riesgo entre un país y otro. Por supuesto que el riesgo del comerciante encarece los productos. En Colombia ahora los bancos no se están blindando frente al riesgo de que algunos clientes no paguen los créditos. Al contrario. La propaganda comercial ha ideado unas denominaciones de créditos (Prestafácil, Prestayá, Crediplus, Citipréstamo, Creditón) que son unas declaraciones de estrategias: Estudio de la solicitud sin costo, escasa documentación, aprobación en pocos días, entrega inmediata del dinero.

Los banqueros colombianos pregonan que el riesgo impide bajar los intereses de los créditos, y luego sus propias acciones desmienten tan rotunda afirmación. Existen miles de fórmulas para conjurar o paliar el riesgo: seguro de vida obligatorio al deudor, certificado médico de buena salud, certificado de buena conducta, expedido por el juzgado,… cualquier cosa antes que exigir esos intereses descomunales. Lo único que justifica un aumento de intereses es la inflación. Pongan el crédito a interés variable dependiendo de la inflación, pero no de la ambición bancaria.

En España era muy graciosa la actitud de los bancos. A medida que España iba adaptando su legislación a las directrices europeas, y aumentaban las posibilidades de que se implantaran en España bancos europeos, en esa misma medida los intereses que exigían los bancos españoles iban bajando. Los créditos al consumo bajaron en diez años del 18 por ciento al 10,25; y los de vivienda o hipotecarios, a quince o veinte años, del 15 por ciento al 4,6.

En Colombia habría que humanizar las leyes, o al menos europeizarlas un poco, limitar el interés del crédito al consumo al 8 por ciento, y el del crédito de vivienda o hipotecario al 4 por ciento.

Pese a todo, hay que ser optimistas respecto a Colombia, porque en humanización del sistema bancario se ha avanzado, no tanto como se necesita, pero se ha avanzado. La brutalidad de establecer el límite de usura en el 31,46 por ciento es un gran avance respecto a lo que había antes. Las tasas de interés de los créditos eran superiores al 50 por ciento. La mayoría de los bancos estatales se declaró en bancarrota, causada por la corrupción y por la desorganización administrativa. El Estado le echó y le sigue echando a la banca salvavidas más que suficientes, y, por supuesto, pagándolos con el dinero de todos los colombianos. No es extraño que algunos digan que los banqueros constituyen la Banca Nostra.

Repito: En Colombia los problemas del narcotráfico y de otras corrupciones ilegales, con ser gravísimos, son inferiores a los de las corrupciones legalizadas, como  ésta que hemos citado y otras cuantas más.

Peor es la del Congreso: Los congresistas hacen las leyes y hacen todas las contrataciones del Estado. Ya la tarea específica de congresista en todos los países es ardua (pulsar la opinión pública para hacer las leyes, fiscalizar las instituciones públicas, debatir los asuntos de interés nacional). Pues bien, los congresistas colombianos tienen además que ocuparse de labores de administración pública: realizar contratos de adquisición de bienes y de prestación de servicios. Esta increíble aberración, esta corrupción legalizada da origen a una serie interminable de corrupciones ilegales: sobrefacturación, contratistas fantasmas, empresas de familiares de congresistas… Para agravar más el problema los congresistas eligen a sus propios equipos de asesores con los recursos que les proporciona el Congreso.

Los ciudadanos llevan años clamando contra estas corrupciones legalizadas desde todos los medios de comunicación social del país. Años proclamando que en todos los países adelantados hay servicios de contrataciones públicas independientes del Congreso y servicios independientes de asesoría profesional para todos los congresistas, sin distinciones de partido. ¿Por qué no en Colombia?

En Colombia vas por la calle, hablas con toda clase de gente, ahondas un poco en su manera de sentir y pensar, y te quedas pasmado:

– Si estas buenas gentes, sensatas y progresistas, se encuentran en el siglo XXI, ¿por qué tienen y padecen instituciones públicas, como el Congreso, que funcionan igual que en el siglo XIX?, ¿por qué los principales cargos públicos suelen tener también una mentalidad decimonónica, cuando no medieval o dinosaurial?

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