Ninguna esperanza

Voy a reproducir aquí un artículo que publiqué en “La Gaceta de Canarias” el 16 de octubre de 2006. Se titulaba:

Un rayito de esperanza

Muchas personas piensan que capitalismo y socialismo son ideologías antagónicas y que se excluyen mutuamente. Pero la realidad es que el socialismo necesita del capitalismo como el niño necesita de la madre para que lo saque a la luz. Los países en los que se ha intentado un socialismo sin contar con un capitalismo previo han fracasado en el terreno económico. Ahí están los casos de la antigua URSS y de la actual Cuba. Por eso Carlos Marx hacía grandes elogios del capitalismo, lo consideraba – pese a todos sus inconvenientes – un proceso necesario, imprescindible en la evolución económica de un país, la señal evidente de que el socialismo ya es posible. El capitalismo es el cimiento necesario para construir encima el socialismo. Porque ¿cómo vamos a atender a la educación y a la sanidad de las personas menesterosas si no disponemos de capital suficiente?

Según Marx serán los propios capitalistas los que traigan el socialismo, y lo harán “motu proprio” u obligados por la presión sindical o cívica. Recordemos el caso de Henry Ford, el magnate del automóvil, que reconoció a sus trabajadores el derecho a una jornada laboral limitada a 48 horas semanales. Ahora sus panegiristas dicen que lo hizo por la bondad de su corazón, y los historiadores nos hacen la crónica de las grandes luchas sindicales que llevaron a ese gran logro. Más de medio siglo antes Marx se había desgañitado condenando la iniquidad y el abuso por parte de los empresarios al imponer las jornadas laborales maratonianas.

Una institución capitalista de lo más recalcitrante ha sido siempre el Banco Mundial. Ha contribuido a enriquecer a los países ricos y a empobrecer a los pobres. Ha apoyado el neoliberalismo y la política depredadora que denunciaba el economista yanqui John Perkins en su libro autobiográfico  “Confesiones de un gángster económico”. Esa política consistía en sobredimensionar las necesidades de infraestructuras de un país para que hiciera grandes obras, pero se financiaban a base de enormes créditos que dejaban al país exhausto, teniendo que pagar una deuda externa que le impedía atender a sus pobres. Además el país rico se quedaba con la explotación de los grandes recursos naturales del país pobre.

Pues bien, esta cueva de ladrones que ha sido siempre el Banco Mundial ha hecho un concienzudo estudio económico y ha concluido que ayudar a los pobres es el mejor negocio para todo el mundo, para los pobres y para los ricos. Es algo que parece estar en consonancia con la recomendación de Jesucristo: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. O sea, que si todos – incluso los ateos –buscamos con sinceridad la Justicia, seremos felices en la otra vida, y en ésta por añadidura.

El estudio del BM sobre América Latina y el Caribe lleva el título “Poverty Reduction and Growth: Virtuous and Vicious Circles. World Bank 2006”, y en él se estima que si el nivel de pobreza disminuye en un diez por ciento, el crecimiento económico puede aumentar en un uno por ciento y la inversión hasta en un cinco por ciento del PIB. Hagamos un breve resumen de dicho estudio: La pobreza es la razón del bajo crecimiento de América Latina y el Caribe, y a su vez el bajo crecimiento genera mayor pobreza (círculo vicioso). La región continúa siendo una de las más desiguales del mundo, porque los ricos no pagan impuestos; en proporción a sus rentas pagan más impuestos los pobres. En AL los hogares pobres tienen acceso a escuelas de menor calidad y sufren restricciones de liquidez, por lo que no invierten lo suficiente en la educación de sus hijos y la sociedad se priva así de la contribución de un gran número de talentos. En los países latinoamericanos los pobres carecen de acceso a créditos y seguros, por lo que una buena parte de la población no puede efectuar inversiones potencialmente rentables para la economía nacional. Resulta muy difícil atraer inversiones en todas aquellas regiones con escasa infraestructura y bajos niveles de educación.

Las soluciones que propone este informe del BM son: Acceso de los pobres a educación de calidad y sanidad gratuitas. Ampliar la cobertura de servicios públicos a los sectores y regiones más pobres (agua potable y saneamiento; vías, electricidad y telecomunicaciones rurales). Promover la microempresa y los microcréditos.

Este programa tan bonito es difícil de aplicar, porque las clases dominantes de América Latina no querrán perder sus privilegios. No querrán hacer la reforma tributaria necesaria, es decir, tributación progresiva según renta. Chávez lo intentó, hizo una reforma tímida y lo han demonizado. Pero en fin, que estas cosas las diga el BM recuerda a un rayito de sol que se cuela entre las nubes en un día encapotado. Y recuerda también la advertencia de Jesucristo: “En el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepienta que por cien justos que hagan penitencia”.

banco-mundial

Y ahora yo me pregunto: ¿Cómo fui tan ingenuo que me ilusioné con un informe del BM? ¿Cómo pudo suscitar en mí algo de esperanza? ¡Si los del BM serán siempre igual! Aunque bajen todos los ángeles del cielo a tocarles el corazón, aunque se les aparezcan todos los condenados del infierno para augurarles lo que les espera si no cambian de vida…. Siempre igual.

Con este informe queda demostrado, una vez más, que Jesucristo fue el mejor economista de la Historia: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui peregrino, y me hospedasteis;estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.”

En todas las plutocracias del mundo – que se autotitulan democracias – los pobres están perseguidos con saña: Si no pueden pagar una cuota a un banco (por gastos de una enfermedad) les imponen unos intereses de demora abusivos, los precios de las viviendas están sobredimensionados, etc., etc. En cambio, un sistema que cuide a sus pobres se garantiza el mantenimiento fijo de la demanda, lo cual da estabilidad a la economía, impide las depresiones o crisis cíclicas propias del capitalismo exacerbado. Por desgracia, el Neoliberalismo Rampante no quiere reconocerlo así.

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