Los grandes olvidados de la sociedad

Existe un colectivo humano muy desprotegido, y es el de los psicóticos. La sociedad atiende otras patologías mentales, como la drogadicción y el alcoholismo. Pero a los psicóticos los han dejado al cuidado de las familias, y es muy difícil que una familia pueda cuidar bien a estos enfermos, a menos que sea una familia de millonarios.

Entre los familiares de psicóticos hay de todo: Unos, por su paciencia y heroísmo, ya se han ganado el cielo. Pero otros (los más) se desentienden del problema, no admiten en sus casas al hermano enfermo. Muchas familias se avergüenzan de esta enfermedad, temen que la gente la considerare de origen genético, y así, por este miedo irracional, la enfermedad se convierte en una ignominia.   Las familias no luchan para que sus enfermos tengan la consideración y las ayudas que reciben otras enfermedades mentales.

El Gobierno canario está encantado con esta lenidad de las familias, esa falta de reivindicación de unos derechos tan elementales, ese bochorno que sienten cuando tienen que reconocer que un pariente padece esta enfermedad.

Los psicóticos, si son bien atendidos, pueden llevar una vida satisfactoria. Si son mal atendidos se convierten en mendigos callejeros o viven en sus casas, pero sin cumplir todas las indicaciones médicas. Abusarán del tabaco, del café o de la bebida, vicios que, si son malos para todos, para ellos son peores, y pueden llevarles a un paro cardiaco con más facilidad.

El Gobierno canario quiere que estos enfermos sigan atendidos por familiares, muchos de los cuales están para que los atiendan a ellos. El Gobierno canario sólo ingresa a un psicótico cuando lo ve bastante mal, incapaz de valerse por sí mismo o mostrándose muy agresivo. Y después de “remendarlo” un poco durante algunas semanas lo echan a la calle.

En consecuencia, pedimos centros para los psicóticos, en donde puedan pasar temporadas de recuperación, cuando estos enfermos se agraven y también cuando se agraven de sus propios males los familiares que los cuidan.

A todas las familias que padecen este problema las animo a luchar, a dar la cara sin miedo al qué dirán. Y a los canallas que se rían de un posible origen genético, y quieran estigmatizar a toda la familia, pues ni caso, pero ni caso. No hay que dejar que los canallas gobiernen el mundo. Gracias.

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